Bucear en la red casi siempre da sus réditos y si además intentas librarte de prejuicios cuando lo haces, la recompensa suele llegar desde y cuando menos te lo esperas. Este ha sido el caso de los dos artículos de Blas López-Angulo que a vuestra atención os ofrecemos.
El autor, es un conocido investigador social y articulista muy conocido por sus estudios referentes al pueblo gitano, procedente de las filas de la izquierda radical y colaborador de publicaciones digitales como insurgente.org, nodo50.org o rebelión.es, donde han sido publicados estos artículos.
Naturalmente ni está, ni ha estado nunca cercano al falangismo, e incluso le hemos encontrado engrosando listas de repulsa a la ilegalización de los partidos abetzales, es decir manteniendo posturas irreconciliables con las nuestras. Pero precisamente por eso choca la claridad, aparentemente exenta de sectarismo, de su aproximación al tema de quienes desde el falangismo “empezaron sirviendo, como piedra de León Felipe, en ese augusto palacio y hoy la arrojan, se arrojan a sí mismas, a sus gruesos muros.(y) Su esclarecida fe democrática ha sido justamente recompensada con las más altas torres de la Moncloa o de otros nobles edificios”.
En el primer artículo “La nómina político-intelectual en los años oscuros” (1), explica su teoría sobre como camisas viejas o nuevas acabaron siendo prototipos para explicar la Transición, que en muchos casos ha camuflado “un espectacular número de transformismo” como un “ejercicio de supervivencia”, cuando no de “ilustres liberales” y “paladines del régimen constitucional”.
Angulo expone que el régimen franquista fue considerado por los indiferentes como el resultado de un pronunciamiento al estilo de los del siglo XIX y por los afines como una cruzada nacional que cristalizó en el nacional-catolicismo, pero para las izquierdas en el exilio y parte del falangismo de postguerra fue visto como una “versión española del fascismo europeo triunfante en los años 30”. Falangistas como Ridruejo, Tovar o Laín contribuyeron a alimentar esa imagen en el exterior, si bien una vez “salvada la vertiente personalista de la Falange y de su fundador” dichas posturas rebelaron un interesado oportunismo con la victoria aliada, que favoreció el dominio de las oligarquías tradicionales más reaccionarias e improductivas de lo cual dan fe el progresivo relegamiento de la Falange y la instrumentalización del partido único, lo cual dio origen a un régimen “más autoritario y represor que totalitario”.
El nuevo estado se sirvió de algunos de esos intelectuales para dotar al régimen de una fachada político-intelectual que le guió en su camino al liberalismo capitalista.
Dicho revestimiento contó con dos líneas divergentes: La que resulto dominante, encabezada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) impulsada por el Opus Dei y su visión tecnocrática de la ciencia, y la del Instituto de estudios Políticos de Valdecasas y las publicaciones falangistas como Jerarquía o El Escorial de Ridruejo, que resultaron fuentes de disidencia reflejo de su desencanto.
Las “contradicciones de esa juventud” que en palabras de Giménez Caballero “pone los huevos en un sitio y canta en el otro” heredados de su formación orteguiana favorecen el tránsito desde el estado autoritario a la democracia orgánica, haciéndose eco de la profecía incluida en “La rebelión de las masas”, que predecía la depuración del liberalismo por parte del totalitarismo.
“El tránsito estaba abonado”.
En el segundo artículo “Conversiones a la democracia” (2), apoyándose en una interesante bibliografía (como el artículo “Antifascistas en España, don José Ortega y Gasset” del número 1 de la revista Autos de F. E., de 7 de diciembre de 1933, o el libro “La contrarrevolución falangista” de Raúl Martín), hace un repaso de los principales “fantasmas de desván” o “galería de personajes conversos” que desde la universidad o la política recuperaron el “denostado capitalismo” en su ascenso al poder, con especial hincapié en la figura de José María Aznar y su progresivo acercamiento a la figura de Manuel Azaña.
Dos artículos para la reflexión con el aliciente de su peculiar procedencia.
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(SIC en cursiva)
(1).- “La nómina político-intelectual en los años oscuro” - Blas López-Angulo en Rebelión (11FEB04)
(2).- “Conversiones a la democracia” - Blas López-Angulo en Rebelión (14FEB04)
servido por memoriazul
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(PD / Época).- "Luchamos en su día contra los papás de los que nos gobiernan y no tenemos ningún temor a los hijos". Eso decía en 2003 Mariano Fernández Bermejo.
En Arenas de San Pedro, el hermoso pueblo que le vio nacer, no entienden mucho esas declaraciones porque su padre, tal y como adelantaba la periodista Isabel Durán, fue jefe local de la Falange, según informa Kiko Méndez-Monasterio esta semana en la revista Época.
Y no sólo eso, sino que Mariano Fernández Alonso también fue durante muchos años teniente de alcalde del municipio. Esern fin, que como tantos progres de ahora, los papás que gobernaban durante el régimen de Franco eran los suyos, y es difícil de entender tanto rencor hacia la propia estirpe de uno.
Sobre todo en este caso, porque el falangista fue, según cuentan, un excelente regidor: natural de Segovia, el padre del hoy ministro de Justicia se trasladó a Arenas para expandir el negocio familiar de la madera.
Allí se casó con Tita Bermejo (toda una belleza, al parecer) y del matrimonio nacieron cinco hijos, tres chicos y dos chicas. Además de su implicación política y su dedicación profesional como maderero, siguió acrecentando su patrimonio al obtener la concesión de dos gasolineras, que todavía están hoy en manos de la familia.
Gracias a esto, Mariano Fernández Bermejo pudo disfrutar de una niñez y juventud muy acomodadas y nada perseguidas. Como estudiante de leyes tampoco destacó por una feroz militancia antifranquista: parece que en él se hacía cierta aquella frase de que la juventud de la época no estaba en la oposición al régimen, sino en las oposiciones.
Por eso, después de licenciarse en Derecho ingresa en la carrera fiscal, en 1974, con la necesaria adhesión a los Principios Fundamentales del Movimiento, que por aquel entonces se exigía y que él ha preferido olvidar.”
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Nadie es heredero de las virtudes o pecados de sus padres, y como tal todo el mundo tiene el derecho de ejercer su libre albedrío para seguir los pasos de sus progenitores o intentar enmendar sus culpas con una vida absolutamente ajena a lo que fueron sus ideas y sus obras, pero lo que nadie puede hacer es intentar ocultar vergonzosamente el pasado familiar, inventarse un pasado de militancia o sacrificio inexistente, y lo que es aun peor acusar a los demás de tener lo que nosotros guardamos en el trastero bajo siete llaves y capa de gotelé.
Es el caso que se nos ofrece en el artículo con que iniciamos estas líneas. No sabemos si el padre de Bermejo fue un buen o un mal falangista, pero lo que si sabemos es que estaba en el grupo de aquellos servidores del Régimen contra los que los “demócratas de toda la vida” plantearon oposición más o menos arriesgada. Lo que si sabemos es que el señor Bermejo hijo no estaba entre ellos, pues mientras algunos sufrían persecución y cárcel (entre ellos algunos falangistas), él, como obediente hijo se dedicaba a superar sus oposiciones, amparado por la pudiente situación económica de papá y a jurar “los Principios Fundamentales del Movimiento” junto con su cargo.
De todos es sabido que hasta los 14 años nuestro padre lo sabe todo, hasta los 40 pensamos que no sabe nada, y a partir de entonces volvemos la vista a tras y nos damos cuenta de que lo que sabía en realidad no era todo pero era mucho. Por eso en la década de los 60 y 70 un nutrido grupo de los llamados “hijos del Régimen” se dedicaron a llevar la contraria a sus padres y a hacer el hippy o el “rojo”, amparados por la billetera y las relaciones de papá, ósea lo que sería oposición de bajo perfil de riesgo, y luego muchos han acabado en el PP o en el PSOE.
Si a esos compañeros de fiesta es a los que se refiere Bermejo ¡Buah!, y si para colmo pretender atribuirse sus escasos méritos, doble ¡Buah!, porque el tiene lo malo de todos, y ni siquiera puede colgarse la medalla de “oposición activa “ de algunos.
Para personajes como estos escapados de una novela de Vizcaíno Casas, “De camisa vieja a chaqueta nueva” o “Hijos de Papá”. MEMÓRIAZUL siempre tendrá un hueco en su apartado “Fantasmas de desván”.
Esperamos vuestras denuncias.
servido por memoriazul
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