Tres años atrás en MEMÓRIAZUL: "Foxá"
Junto con el artículo de Labordeta, publicábamos el artículo de apertura de una nueva categoría: CALLEJERO, en este caso dedicado a la Calle de Agustín de Foxá de Madrid.
Pretendíamos de esta forma dar un repaso a un trabajo de Luis Miguel Aparisi Laporta, que bajo el título "Toponimia franquista de las calles de Madrid" (GMU. Ayuntamiento de Madrid. 2001), figuraba en algunos medios de la izquierda más recalcitrante como una guía de calles a renombrar, en virtud de la Ley de Memoria Histórica.
Su escueta descripción decía así:
«Agustín de Foxá, C/ de
Agustín de Foxá y Torroba; 28-02-1906/30-06-1959. Conde de Foxá y marqués de Armendáriz. Nació y falleció en Madrid. Escritor y diplomático. Lápida en C/ Ibiza, nº 1, donde vivió y murió. Coautor de la letra del himno de Falange Española "Cara al Sol". Miembro de la Academia de la Lengua.
Se asignó el 31 de julio de 1959, sustituyendo a la C/ de los Enlaces Ferroviarios. Chamartín.»
Injusta sobriedad para un personaje de su categoría y más injusto aun su calificación de "franquista" para quién nunca dejó de ser un monárquico estético, que en su día colaboró con la Falange, más por lealtad filial hacia su fundador que por neto convencimiento.
En el artículo tratábamos de dar una pequeña revisión a su bagaje literario, su ingenioso y ácido sentido del humor, y su anti-franquismo reflejado en frases como ¡Si es así, me hago del Tiro de Pichón!, cuando oyó decir que era el Espíritu Santo el que inspiraba las decisiones de Franco.
Foxá era ante todo un bon-vivant:
«A mí me gustan los duques, los millonarios y los señores»
«Soy conde, soy gordo, fumo puros; cómo no voy a ser de derechas.»
Un iconoclasta:
« Todas las revoluciones han tenido como lema una trilogía: libertad, igualdad, fraternidad fue de la Revolución francesa; en mis años mozos yo me adherí a la trilogía falangista que hablaba de Patria, pan y justicia. Ahora, instalado en mi madurez proclamo otra: café, copa y puro.»
...Y un provocador:
«Tú, que naciste en las porteñas hampas/ y del amor conoces los oficios,/ hermosa zorra de las anchas pampas/ que enamoras marqueses pontificios./Tú, que cantas esos tangos con ojeras/ repletos de memeces argentinas,/ y hablando con duquesas tortilleras/ confundes las Meninas con mininas./ Los prognatas toreros que complicas/ por ti se tornan en babosos toros;/ vas al teatro con señoras ricas,/ y estrenas obras con cretinos coros/ escritas para ti por los maricas/ que sueñan con los culos de los moros.» (Dedicado a Celia Gamez, protegida de Millán Astray).
Pero no era falangista, tenía demasiada conciencia de clase para serlo. Su obra cumbre: "Madrid de Corte a Cheka" , de claros tintes autobiográficos, podía subtitularse "La historia de un tibio". Historia de un señorito, que tras coquetear con izquierdas y derechas acaba ingresando en Falange por caerle simpático a José Antonio, y tan desvinculado que ni se entera del Alzamiento. Se pasa la guerra escondido mientras sus amigos se juegan la vida y se incorpora a las filas del Régimen, colocado y ganador, cuando Madrid es liberado.
Todo una joya, pero tampoco se merece la descripción que Curcio Malaparte hace de él en "Kaput":
«Cruel y funesto como todo buen español».
Nadie que así fuera podría escribir un poema como "Trincheras del Frente de Madrid":
Pero estamos tan lejos...
Para llegar hasta vosotros, trenes,
rutas extrañas, playas extranjeras,
y sin embargo, hermanos enemigos
¡que cerca nuestra sangre!, que aclararon
las mismas frutas, que encendieron, roja,
primaveras y labios parecidos.
¿No sentís a la Patria temblorosa
que por los pies os mete sus metales
amasados de huesos y raíces,
que por el cielo claro, azul y extremo,
trae campanas y el humo de la aldea
donde nacisteis? ¿No sentís a España
que está en el pan y el hierro y la amapola
en la espiga, en la voz y en nuestra carne?
¿No sentís a la Patria, camaradas,
alegres artesanos madrileños?
Tú, que de niño, fuiste con nosotros
al ritmo de un sencillo pasacalles
delante de la alegre infantería,
bajo balcones de rizadas palmas.
Tú, que estuviste un día al lado mío
en el mismo columpio de verbena.
En la grada dorada de toros,
en las "paradas" de palomas y húsares
en la pradera junto al Manzanares.
Tú, hermano de taller y la tahona,
cerrajero que abriste nuestra puerta,
sereno de las tres de la mañana,
campanero de abril de altos balcones.
Maquinista del tren de mis veranos,
cochero del Retiro y de mi infancia,
guarda del césped, vendedor humilde
de globos y banderas; ¿por qué alzados
lucháis con odio contra mí y los míos,
y en la tarde de abril vais a esconder
como topos siniestros en la tierra?
de nuestros campos, y hay un alba intacta
endurecida de clarines de oro
y de frescas canciones juveniles
.
