MANUEL FERNANDEZ DE LAS CASAS
Durante el franquismo factores ampliamente integrados en la mentalidad de la ciudadanía canaria como la sensación de abandono por parte de la península, la estimación de la defraudación y el contrabando como medios legales de vida, la vinculación con algunos países como Inglaterra, y la pervivencia del caciquismo, unido a la utilización de cargos por parte de la oligarquía burguesa para la consecución de fines personales durante el Movimiento, jugaron en contra de una implantación del falangismo en Canarias, lo que motivó una desconfianza por parte de la burguesía que veía en la ortodoxia falangista un freno a sus fines, y de las clases trabajadoras que los identificaba con el poder central y la defensa de las clases dominantes. Estos factores adversos evitaron la implantación de medidas económicas propuestas como: la intensificación de la producción agraria, la reducción de importaciones del extranjero, la mayor participación de la producción isleña en el mercado peninsular, el fomento de un tejido industrial dedicado a la sustitución de importaciones, la realización de obras hidráulicas, la expansión de la superficie cultivable y la diversificación de los cultivos de exportación.
La militancia y afiliación sindical siempre fue baja en relación a las cotas peninsulares, lo que motivo un fuerte déficit económico interno. Localmente, su implantación se reducía a las dos capitales provinciales, a determinadas zonas de la isla de La Palma y a algunos núcleos de población, existiendo en los demás municipios e islas reducidos núcleos u organizaciones puramente nominales y escasamente vinculadas a las jefaturas provinciales. Respecto a la composición social de Falange la parte sustancial de la afiliación pertenece a la pequeña burguesía y a trabajadores de cuello blanco. Las profesiones que aparecen más representadas son: agricultor –pequeño propietario de tierras, maestros, abogados, empleados, médicos, artesanos y trabajadores autónomo.
Este es el desfavorable escenario que recibió como herencia la Falange de la Transición, y los que decidieron seguir manteniendo alzada la bandera, entre ellos el abogado MANUEL FERNÁNDEZ DE LAS CASAS, protagonista indiscutible del falangismo canario durante los últimos 50 años, y que falleció el pasado mes de agosto en Santa Cruz de La Palma (Canarias) .
Fernández de las Casas se incorporó a la militancia azul con la generación posterior a la que hizo la Guerra Civil, su formación como jurista le llevó al desempeño de importantes puestos de responsabilidad política en su isla natal de La Palma, como el de Alcalde de Santa Cruz o Presidente del Cabildo Insular. En ambas instituciones dejó Manuel huella de su buen hacer, combinando su hombría de bien con su eficacia como gestor.
Posteriormente, y hasta su jubilación, ejerció como director insular de la Caja Rural de Tenerife en La Palma donde destacó en el apoyo de los agricultores y ganaderos palmeros, en una isla donde aún hoy el sector primario (especialmente el cultivo de la platanera) representa la principal fuente de riqueza. Su ecuanimidad e incluso su justa ira eran hartamente conocidas por todos aquellos que tropezaron con él en su intento por llevar a cabo alguna injusticia. Ese tipo de reacción de la que hablaba José Antonio cuando en el Manifiesto a La Falange de 13 de octubre de 1934, decía:
“Nadie supera nuestra ira y nuestro asco contra un orden social conservador del hambre de masas enormes y tolerante con la dorada ociosidad de unos pocos”."
Pero donde Manuel Fernández marcó a quienes lo trataron fue desde su militancia falangista, iniciada en la juventud y mantenida su fidelidad a la misma hasta el final de sus días. Efectivamente, la impronta azul en la obra de este camarada se dejó notar a lo largo de su dilatada trayectoria personal y profesional sobre todo en los cargos públicos que desempeñó, en los que asumió el compromiso social con los más débiles propio de la ideología joseantoniana.
Capítulo aparte merece su comportamiento a partir de la llamada "Transición democrática" española, donde a diferencia del chaqueteo generalizado de muchos que se decían falangistas, Manuel Fernández, persona de relevancia social en el ámbito insular de la época, rechazó siempre los ofrecimientos que le hicieron los partidos de derechas recién constituidos, y se dedicó, desde las filas de FE-JONS de la que fue Jefe Insular, Consejero Nacional, y miembro electo de la Comisión Permanente, a organizar el falangismo canario. A finales de los ochenta, tras la salida de los falangistas canarios de FE-JONS, a raíz del frustrado relevo de Márquez Horrillo, que supuso el fracaso de la renovación del partido, Manuel también lo hizo, permaneciendo alejado de la primera línea política desde entonces dando por concluida su tarea cuando transmitió sus responsabilidades en el Partido a las jóvenes generaciones de camaradas. Su último acto de servicio al falangismo fue formar parte de las listas electorales del 2000 por La Falange (FE) en Canarias, acompañado por muchos camaradas que hoy militan en Falange Auténtica.
Descanse en paz este camarada, ejemplo de fidelidad, coherencia y caballerosidad para todos los que le conocieron.
MEMORIAZUL
