AQUEL 23 DE MARZO...
Al atardecer del día 23 de Marzo de 1934 resultaba herido de gravedad en Oviedo JESÚS HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ , hijo de un Teniente Coronel de la Guardia Civil; un estudiante de Bachillerato que tan sólo contaba 15 años de edad, pero cuya fortaleza física y corpulencia le habían permitido incorporarse al sindicato falangista afirmando que tenía dieciocho años.
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Mientras prestaba servicio de vigilancia en las cercanías de la Casa del Pueblo, en la C/ Augusto Figueroa de Madrid, recibe un disparo por la espalda que le atraviesa la arteria femoral. Jesús tuvo que soportar dos interminables días de agonía antes de fallecer. El entierro, celebrado el día 27, tuvo que realizarse en la intimidad, por órdenes particulares del Jefe Superior de la Policía, para evitar posibles manifestaciones de los “fascistas”.
Felipe Ximénez de Sandoval explicaría años después como la muerte de Jesús Hernández “causó un gran revuelo, desatando una campaña contra la Falange «acusada de reclutar para acciones peligrosas a niños seducidos por la violencia». Una ley prohibió el ingreso en partidos políticos a los menores de dieciocho años... aunque no a las Juventudes marxistas. Los más jóvenes falangistas tuvieron que sustituir su carnet de tales por el de afiliados al S.E.U.
Detenido como supuesto autor del crimen un anarcosindicalista apellidado García Guerra, se celebró el proceso ante el Tribunal de Urgencia en la Cárcel Modelo el día 10 de abril. José Antonio, despreciando las amenazas recibidas, y contrariando su vocación de civilista, asumió con gran gallardía la misión de acusador privado. Pero la prueba resultó favorable al acusado, el Ministerio Fiscal retiró la acusación, la Sala lo absolvió y los afiliados a las juventudes libertarias asistentes al juicio demostraron clamorosamente su júbilo.
Por verdadero milagro, la Falange no tuvo aquella mañana nuevos caídos, pues al salir de la cárcel José Antonio, con sus fieles acompañantes Cuerda, Sarrión y Gómez, al llegar por la Calle de Princesa a la altura de la de Benito Gutiérrez, cuatro individuos allí apostados arrojaron contra el coche dos petardos de gran potencia que destrozaron el parabrisas. José Antonio y sus tres camaradas se lanzaron en persecución de los agresores, que dispararon contra ellos sus pistolas, sin lograr apresarlos. Al día siguiente, en una entrevista que para el «ABC» le hizo César González Ruano, José Antonio declaró que hubiera sentido le sorprendiera la muerte aquel día «por no saber si estaba preparado para morir. La eternidad me preocupa hondamente. Soy enemigo de las improvisaciones. Igual en un discurso que en una muerte. La improvisación es una actitud de la escuela romántica y no me gusta»” (1)
(1).- Los primeros Caídos en la historia del Nacionalsindicalismo – Cristóbal Córdoba (2003)
