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La Coctelera

MEMÓRIAZUL

Espacio construido para preservar la memoria de todos aquellos falangistas que vivieron y murieron por una España mejor.

19 Julio 2007

OTRO 18 DE JULIO

Ceferino había nacido en Vigo en 1920 y aquel mes de julio era poco más que un niño de 15 años.


Su padre, el abogado D. Ceferino Maestú Novoa había sido alcalde de Vigo, era liberal progresista y ejercía de Inspector de Emigración. Debido a una especie de venganza política fue sometido a lo que hoy llamaríamos “moving” empresarial, trasladándole con su familia de un lado a otro sin solución de continuidad hasta que su capacidad de aguante se rompió y decidió plantarse y establecerse como abogado en la provincia de Cádiz.


Republicano convencido, D. Ceferino fue el primero en ondear la bandera tricolor en San Roque aquel 14 de Abril de 1931. Por aquel entonces pertenecía a la Unión Republicana de Azaña y le nombraron gobernador civil de Huelva, pero cogido entre la tenaza de radicalidad de derechas e izquierdas fue obligado a dimitir al poco tiempo y volvió a sus ocupaciones en San Roque.


Cuando al grito de ¡Viva La República! Los militares se alzaron contra el gobierno del Frente Popular, D. Ceferino pensó que dado el caos reinante tal vez sería lo mejor. Poco le duró aquella percepción. Primero fue detenido por las tropas de Regulares que le dejaron posteriormente en libertad tras utilizarle como escudo humano para llegar a la frontera de Gibraltar. Trató sin éxito de poner a salvo a su familia y vivió la pasada represiva que los “Leales” venidos de Málaga hicieron por San Roque y que dejó un reguero de cadáveres entre los que se contaban algunos amigos. Al fin llegaron las tropas de Regulares y los “liberadores” malagueños escaparon a toda velocidad.


Y así, aquel 27 de julio Ceferino con sus escasos 15 años se encontraba caminando junto a su padre azuzados por las culatas de los rifeños que momentos antes habían destrozado el altar familiar con el Sagrado Corazón y la Virgen del Carmen ante el que rezaban.

Soldados borrachos salían de las tabernas al grito de “Matadlos, matadlos” y de repente la mano de un oficial, el padre de unos amigos, le sacó de la cuerda de condenados y le encerró en un cuerpo de guardia para ponerle en libertad poco después, salvándole así la vida.


D. Ceferino murió fusilado junto con algunos jornaleros entre un tabernero y un peluquero y el encargado de darle el tiro de gracia contó que al acercarse escucho como sus labios musitaban el “Ave Maria”.


Con la tragedia vivida a cuestas, la familia de Ceferino se traslado de vuelta a sus orígenes en Vigo, donde un familiar le dió como un salvoconducto su primer carné del SEU. Lo lógico es que Ceferino hubiera arrastrado un rencor hirviente contra el bando que le originó uno de los mayores daños que puede recibir un niño, sin embargo su espíritu de una madurez impropia de su edad le permitió segregar lo puntual de lo sustancial y apreciar ese nuevo estilo, la promesa encerrada en esas palabras que hablaban de justicia social y de pan para todos, tan ajenas a la izquierda y la derecha, que había conocido en ese primer mitin falangista al que acudió más que nada por justificarse y por un prurito de curiosidad.


Leyó a José Antonio y quedo prendido a su doctrina, tal fue así que pensó que su deber era luchar por esa promesa e incorporarse a filas. Antes de entrar en combate ya le habían mandado fusilar a otros y él “no había venido a eso”, por lo que menor de edad e hijo de viuda a su petición fue reclamado por su madre.


Su apuesta fue siempre clara por los trabajadores y participó en las aventuras de los sindicatos católicos de los 40. Fundó la revista Sindicalismo, y recuperó las tertulias de “La ballena alegre” que fueron reventadas por la ultraderecha. Periodista de carrera fundó varias agencias de noticias independientes y entre medias fue Jefe de la Centuria Iñigo de Loyola que prefirió disolver antes que integrar en la Guardia de Franco, se convirtió en un dolor de cabeza para el Régimen y acabó siendo procesado. Co-fundador de Comisiones Obreras las abandono ante la ofensiva al liderazgo de los comunistas y fundó el sindicato C.T.I.
(1)


Hastiado del mar de fondo del inmenso mosaico en que se había convertido el falangismo y convencido de la inviabilidad actual de una acción conjunta, ya no se declara falangista y la última vez que le vi respondió a mi “Arriba España”, diciendo realista siempre: “No te digo lo mismo porque más abajo no puede estar”.


Ceferino L. Maestú Barrio, es un hombre de una calidad humana remarcable capaz de superar la injusticia sufrida por generosidad hacia sus compatriotas y su patria. Fue un falangista sin tacha que luchó hasta lo que él consideró el final del sueño falangista, y hoy por hoy es todavía una fuerza de la naturaleza.


Mi pregunta es: ¿Hubiera Ceferino celebrado el 18 de Julio de 1936?. En buena lógica hubiera sido celebrar su tragedia y la de tantos españoles. ¿Se debe celebrar o conmemorar el 18 de julio de 1936? En mi opinión, independientemente de la necesidad, inevitabilidad o justicia del Alzamiento por las razones perfectamente expuestas por José Javier Esparza en su artículo en
“El manifiesto” - “18 de julio de 1936: ¿Por qué?”, todo lo más es una fecha para rememorar, reflexionar y rezar por todos los que murieron o fueron asesinados luchando por su idea de una España mejor.


Otros países como Estados Unidos han logrado superar las heridas abiertas por su propia y muy cruenta guerra civil. No celebran o conmemoran el 12 de abril de 1861, día en que los Estados del Sur declararon su secesión con un acto de guerra, a pesar de ser el inicio de la abolición de la esclavitud y de su verdadera unificación como país, y si lo hacen es como un acto de reivindicación de esa unidad, de lo bueno que salió de tanto dolor y de respeto al millón de muertos y heridos de los dos bandos.


Pero si no es para celebrarlo tampoco es para demonizarlo y declararlo ilegal como pretenden los partidos de izquierdas actuales, con declaraciones como esta:


“Por la miseria que crearon y el dolor que provocaron: fascismo nunca más.
Por habernos enseñado la muerte y su significado: fascismo nunca más.
Por habernos empujado a odiarles como les odiamos: fascismo nunca más.”
(2)


Lo malo es que si cambiamos el sentido político y la palabra final obtendríamos el mismo resultado:


“Por la miseria que crearon y el dolor que provocaron: Comunismo nunca más.
Por habernos enseñado la muerte y su significado: Anarquismo nunca más.
Por habernos empujado a odiarles como les odiamos: Socialismo nunca más.”


Está claro que quienes tal opinan no tienen la calidad humana de Ceferino, ellos no se sienten herederos de los responsables de la miseria y el dolor causados, piensan que no enseñaron a nadie el significado de la palabra “muerte”, odian y se consideran justificados en su odio y en resumen, a su forma todos celebran el 18 de julio de 1936, pues no tienen la generosidad de personas como Ceferino Maestú.

…………………………………..


(1) La vida que vivi con los demás – Ceferino L. Maestú Barrios (Plataforma 2003)

(2) Fascismo Nunca Más (Habeas Corpus - 2006)

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