ESCRITO EN PIEDRA: Provincia de Barcelona (I)

El pasado 31 de octubre del pasado año, en nuestro artículo «EL EQUILIBRIO DEL COJO», nos hacíamos eco de la amenaza de desmantelamiento que pesaba sobre varios monumentos falangistas, entre los que se encontraba el monumento dedicado a José Antonio Primo de Rivera de la avenida de Josep Tarradellas ( antes Avda. Infanta Carlota.), esquina Avenida de Sarria Juntoa la Plaza calvo Sotelo , (ahora Francesc Macia , en la Diagonal) en Barcelona.
En el artículo contábamos que la demolición está pendiente de aprobación por parte del consejo de distrito del Eixample y del plenario municipal, pero parece que será un puro trámite con la aprobación de la mayoría de partidos. De hecho, el operativo municipal ya se ha puesto en marcha con una primera evaluación de los costes que supondrá la retirada del monolito y el friso alegórico, así como de un estudio por parte de la comisión que regula el patrimonio escultórico de la ciudad para ver si el monumento tiene algún valor.
Posteriormente recibíamos a través del foro Tribuna, una información ampliatoria de la historia del citado monumento, por parte de Ángel Gómez Puértolas. En ella se relataba que fue erigido por cuestación popular a iniciativa de los sindicatos, estando constituido originariamente por unos bloques de hormigón cubiertos por unos alto-relieves hechos en arenisca con figuras alegóricas a los agricultores, obreros industriales y trabajadoras del textil, así como un medallón con el perfil de José Antonio y el emblema de la Falange, a cuyo pie un niño depositaba unas flores, todo ello rodeado por un jardín y con un lago artificial al pie.
El primer intento de desmantelamiento tuvo lugar durante la transición, siendo alcalde de la capital catalana Narcis Serra. Intento que fue frenado por una avalancha de cartas que lograron se saldase con la retirada del medallón alegórico al fundador de Falange.
A continuación reproducimos un magnífico artículo de Juán Pedro Yañiz en ABC.es, publicado el pasado 14 de enero de 2008, en el que se nos ofrecen una serie de interesante datos sobre la historia del monumento que nos ocupa, así como un alegato en contra de la destrucción por el revanchismo de un monumento que despojado de sus símbolos políticos no pasa de ser un homenaje a los trabajadores que hicieron posible la Barcelona que hoy es:
Con la fiebre antimonumentalista que ha invadido algún sector del país, se piensa en borrar todos los monumentos, memoriales y recuerdos de los «otros». Puede cometerse el error de crear un irredentismo, como en 1939-40, cuando se desmontaron o destruyeron todos los memoriales de uno de los bandos de la Guerra Civil, mientras se elevaban con profusión recordatorios de los del bando propio. Líbrenos el Señor de pontificar cual de los dos trozos de España tuvo toda la razón.
Al principio de la transición se pensó que lo mejor podía ser reconvertir los monumentos existentes en memoriales a «todas las víctimas de la Guerra Civil». Esta solución se ha adoptado en diversos lugares como el pueblecito tarraconense de Solivella, el último que permaneció en manos de los sublevados en julio de 1936.
El que acabaría por ser monumento a José Antonio Primo de Rivera, construido casi en la confluencia de la Avenida Infanta Carlota Joaquina con la Carretera de Sarriá (en la nomenclatura de 1939-1977) fue, desde el principio, un saco de problemas y de polémicas.
Un largo periodo de gestación
Para empezar, no fue de los surgidos rápidamente tras la ocupación de la ciudad por las llamadas tropas nacionales. Su periodo de gestación lento y accidentado, por muchos motivos, que no llegaban al público.
El tierno barcelonés que un buen día se encontraba con las calles empapeladas con unos enérgicos pasquines que demandaban «¿Para cuándo el Monumento a José Antonio?», descubría de repente que no siempre el Gobierno y la Falange deseaban siempre lo mismo, pero la despolitización de la gran masa de la población era inmensa y nadie piaba. Algunos años más tarde, en un famoso matutino, se podía leer que en la planta baja del Palacio de la Virreina se iba a visitar -entrada libre- una exposición de los diversos proyectos que pugnaban por ser el elegido y construido.
Un domingo por la mañana se visitó la Virreina, que entonces albergaba únicamente la Colección Cambó. Había bastante gente, la mayoría simples curiosos, y de las numerosas maquetas, la que más llamaba la atención de los niños y adolescentes era una en la que la columna o monolito estaba adosada a un gran arco en el centro del cual había un león de luenga melena.
Una de las sorpresas del veredicto es que el tribunal calificador hubiera optado por un proyecto de líneas funcionales que rompía con el neoclasicismo oficial imperante. El monumento fue inaugurado el 20 de noviembre de 1964, presidió Fraga, y se rumoreó de algún incidente entre escuadristas y algún paseante discrepante. Las celebraciones públicas del «Día del dolor», 20 de noviembre -aniversario del fusilamiento de José Antonio- se trasladaron de lugar y el monumento fue el nuevo escenario elegido cada año.
Los actos de 1968 se vieron salpicados por incidentes, grupos de la llamada Falange de Izquierdas (cuyo lema era «Falange Sí, Movimiento No) atacaron una unidad móvil radiofónica, golpearon coches oficiales y abuchearon a Fraga -ministro de Información y Turismo- y a Garicano Goñi - gobernador civil y jefe provincial del Movimiento-. Hubo alguna detención y meses más tarde el TOP condenó a dos de los participantes en los disturbios, Caballero y Oriente.
Lentamente se fue formando un estado de opinión sobre la necesidad de erradicar o reconvertir los diversos monumentos existentes en la ciudad, algunos como el existente en el cruce de Diagonal/Paseo de Gracia ha tenido significados diferentes, según la época. Estalló una polémica, político-estética, que afirmaba que el autor del proyecto se había inspirado en otro monumento del sur de Francia. La Administración optó por el silencio administrativo, a la chita callando fue retirando cualquier tipo de simbología y repintando y limpiando el gran monumento. Las propuestas de reconvertirlo en un memorial dedicado a «Todos los muertos de la Guerra Civil» no cuajó en nada convincente. Ahora hay sectores que piden su destrucción...

jose dijo
Pues se lo acaban de cargar, vaya puta ¿no?
17 Febrero 2009 | 03:08 PM