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La Coctelera

MEMÓRIAZUL

Espacio construido para preservar la memoria de todos aquellos falangistas que vivieron y murieron por una España mejor.

7 Octubre 2008

CON LUPA: Almudena Grandes "El corazón Helado".

" LOS ESCRITORES HEMOS PERDIDO EL MIEDO Y LOS COMPLEJOS"


http://www.eldia.com.ar

Domingo, 28SEP08

POR | RAQUEL MACCIUCI Y
VIRGINIA BONATTO (*)

La última novela de ALMUDENA GRANDES (“El corazón helado”) se adentra por una de las sendas que la narrativa española contemporánea más ha explorado: la memoria de la Guerra civil y de la prolongada dictadura franquista. Su aparición pone de manifiesto la voluntad que un número cada vez mayor de españoles nietos de quienes vivieron la contienda tiene por procesar por sí mismos un pasado durante muchos años silenciado, manipulado, temido. […]

En su paso reciente por Buenos Aires, aceptó la siguiente entrevista:

- ¿Cómo llega a tus manos el material testimonial que recoges en el libro?

Este no es un tema nuevo para mí. Yo le estoy dando vueltas al tema de la memoria personalmente desde que era una niña pequeña y como escritora prácticamente desde Malena es un nombre de tango. Yo creo que es el gran tema pendiente de mi generación literaria y el gran tema de mi generación cívica.

Cuando empecé a pensar en El corazón helado me di cuenta de que tenía dos lagunas. Una era la División Azul, que es un tema muy complicado en España y del que hay muy poca documentación. Y el otro tema era la segunda generación del exilio. Porque los españoles, en general, tenemos una idea del exilio que se compone de dos imágenes: la del 39 en los Pirineos y el frío que hacía, y en el 77 la escalerilla de un avión de Iberia y unos ancianitos bajando. Parece que no ha habido nada en medio. Entonces, empecé a meterme de lleno en el proceso que ya no fue de documentación sino de inmersión. Llevo seis años viendo sólo cine español, oyendo música española, viendo fotos españolas y naturalmente leyendo libros sobre la historia de España. Descubrí que a mí me convenía mucho más para escribir la historia las memorias que escribe la gente anónima. Ahora mismo en España hay muchos abuelos que están escribiendo sus recuerdos. Son versiones mucho más sinceras, porque son gente anónima que no tiene ninguna reputación que defender ni partidos políticos que ensalzar.

- ¿Había una deuda de la izquierda respecto del tema de la División Azul?

No creo que la izquierda tuviera una deuda con la División Azul. Lo que sucede es que la División Azul es un período en sí mismo muy fascinante, porque siempre fue una especie de grano en el culo de los regímenes. A mí me convenía mucho la División Azul porque en el periplo de Julio Carrión yo necesitaba que él saliera de España en un momento en el que no era fácil hacerlo y que volviera a entrar en un momento en que no era fácil volver a entrar.

Y además, pasando previamente por París.

La historia de Julio Carrión está inspirada en una historia real de la familia García Lorca, que Laura García Lorca me contó hace muchos años, y me pareció fascinante, ya que se trataba de un hombre simpático pero impostor. Adapté esa historia porque a mí no me interesaba el exilio mexicano o el argentino, que fueron más selectos, sino el exilio francés, que fue el más masivo.

- Junto a Julio Carrión destaca en la División Azul la figura de Eugenio Sánchez Delgado, en la que tú rescatas ciertos valores auténticos de Falange.

Es el falangista “alfeñique”. Me pareció interesante rescatar la idea de que la Falange, en origen, fue un partido republicano, laico y fascista, en un sentido que lo hace mucho más cercano de la izquierda que lo que fue luego el franquismo. Cuando empecé a escribir la novela yo no quería ser neutral, además me parece que España es el único país de Europa donde todavía no está claro que en una guerra entre fascistas y demócratas los fascistas sean los malos y los demócratas sean los buenos. Eso es una rareza de mi país. Eugenio es un ejemplo de cómo se podía conservar la dignidad en medio de todo aquello. En ese sentido, yo me remito en los agradecimientos a Luis Felipe Vivanco.

- Vivanco sería en versión poeta equiparable al falangista Sánchez Delgado.

Vivanco tiene unos diarios con unas anotaciones realmente tremendas. Pero sobre todo, cuando Vivanco perdió la fe se fue a su casa. No fundó un partido como Ridruejo, no intentó seguir medrando como Ridruejo. Digamos que él asumió que se había equivocado y se fue a su casa.
Que es lo que hace Eugenio en tu novela. Alvaro personifica al sujeto deseable en la comunidad española actual. Si bien no es el héroe de acción política, es un hombre valiente y dispuesto a conocer la verdad. ¿Esto tiene referentes literarios?
No sé si tiene referentes literarios porque es un personaje muy estrictamente contemporáneo. Sé que tiene un referente sociológico real que comparte su misma actitud moral frente a la memoria. Alvaro es un nieto de combatiente de la Guerra civil española, en un país donde la generación de lo nietos de los combatientes le han dado la vuelta a la tendencia de desmemoria que está instalada desde hace treinta y tantos años.
Y en España están pasando cosas ahora emocionantes y extrañas, como que fotos que llevaban décadas guardadas en un cajón salen a la luz, la gente las cuelga fotos de sus abuelos en los blogs, cuenta su historia..

- En tu novela, y en otras publicadas en los últimos años, se observa una tendencia a conocer el pasado y a informar sobre las fuentes históricas de la ficción; se ve en el epílogo de El corazón helado. ¿Indica esto un cambio respecto de épocas anteriores, cuando la memoria buscaba reconstruir una identidad?

Claro, yo he escrito esta novela y la novela es mía, pero el tema no es mío. Y si bien yo no quería escribir una novela neutral, tampoco quería ser malinterpretada ni quería dejar ningún resquicio posible para la manipulación. Yo creo que un novelista tiene todo el derecho a inventar y a interpretar, pero cuando manejas materiales tan reales a lo que no tienes derecho es a alterarlos. Y respecto a lo de la identidad de la memoria, yo creo que del año 2000 para acá los escritores hemos perdido el miedo y los complejos. Ya no se trata de hacer visiones políticamente correctas sobre la historia. Como escritora, me siento madura para abandonar las cautelas y para tratar, con la misma naturalidad con la que un escritor alemán puede tratar su historia, esta historia. Creo que de lo que se trata es de denunciar que mi país es un país que sigue estando muy enfermo, que ha tenido una trayectoria contradictoria, que ha ido a contratiempo en relación a todos los países de su entorno y que no está normalizado democráticamente, porque se intentó crear una democracia sin raíces. Yo creo que hay que denunciar esto y hay que intentar que España se normalice, es decir, que se asuma de una vez que un golpe de estado es un golpe de estado y no es un alzamiento nacional.

(*) Esta entrevista pertenece a una serie realizada por integrantes de la cátedra de Literatura Española II de la facultad de Humanidades de la UNLP, bajo la supervisión de su titular, la profesora Raquel Macciuci

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Sería injusto pretender hacer un comentario del último libro de Almudena Grandes sin haberlo leído, por lo que nos limitaremos a dar nuestra opinión acerca de la entrevista que reproducimos y en especial de las frases que aparecen resaltadas (por nosotros).

Almudena Grandes (Premio Dolores Ibarruri 2008), a quien confieso no tener en alta estima, no por su creación literaria sino a raíz de que la fama la destapara como musa militante (junto a Pilar Bardem y Joaquín Sabina) de Izquierda Unida, hace en esta entrevista profesión de fe de su falta de neutralidad, no en base a ese profundo estudio histórico (¿?) al que parece haberse dedicado en los últimos años, sino a un intimo convencimiento deveniente de sus profundas raíces comunistas y consecuentemente frentepopulistas.

Según confiesa, su preparación documental para el libro ha consistido en que durante los últimos seis años ha estado viendo sólo cine español, oyendo música española, viendo fotos españolas y naturalmente leyendo libros sobre la historia de España”. Respecto al cine español de la última década no hay duda desde que óptica contempla el conflicto civil: Ni un solo título, incluido el cine fantástico (El laberinto del fauno), que al tocar el tema de la Guerra Civil no se haya convertido en un cuento de frentepopulistas (demócratas) buenos y nacionalistas (fascistas) malos; y tomando esto como referencia no nos cabe la menor duda de que música, que fotografía, que libros ha leído Doña Almudena.

Como muestra de su parcialidad documental, su frase la División Azul, que es un tema muy complicado en España y del que hay muy poca documentación”. Episodio de nuestra historia que no solo corresponde a la unidad militar más glosada literaria e históricamente de todas las que intervinieron en los dos bandos de la 2ª Guerra Mundial, sino que como unidad, que fue, orgánica de nuestro Ejército, conserva intactos sus archivos documentales.

También dice que “hay que intentar que España se normalice, es decir, que se asuma de una vez que un golpe de estado es un golpe de estado y no es un alzamiento nacional”. Perfectamente, de la misma forma que el intento de golpe de estado de los partidos de izquierdas en Octubre de 1934, tampoco fue ni una revolución ni un alzamiento popular; conceptos que se acercan más al levantamiento de un 50% de la población contra el otro 50%, para subvertir un orden social que trascendía a lo político y que se consideraba injusto. Golpe de Estado y Revolución, son conceptos distintos.

Distinciones difícilmente explicables a quién tiene sus raíces “democráticas” en el estalinismo defendido por el sector comunista (dominante en las fases finales del conflicto), perfectamente expresado en su frase pronunciada durante una presentación en Sevilla: «cada mañana "fusilaría" a dos o tres voces que le "sacan de quicio"» (refiriéndose a la derecha española actual). (1)

También introduce en su libro un personaje que encarna al falangista desencantado, estableciendo un paralelismo con Luis Felipe Vivanco, de quien dice: «cuando Vivanco perdió la fe se fue a su casa. No fundó un partido como Ridruejo, no intentó seguir medrando como Ridruejo. Digamos que él asumió que se había equivocado y se fue a su casa ». Pero estas palabras elogiosas hacía el, esconden la falaz idea de que tanto él como Ridruejo, reconocieron haberse equivocado adoptando el falangismo como doctrina, sin entender que su renuncia en realidad es una acto de coherencia hacia lo que ellos consideraban la derrota de (en palabras de Ridruejo) la “Falange hipotética”, constituida por quienes creían estar participando en la regeneración del país, frente a la predominante “Falange real” compuesta por quienes la utilizaron para ganar la guerra y medrar después en un poder esencialmente conservador.

Almudena Grandes no es que no haya querido ser neutral, es que es tan incapaz de ello como de ejercer un laicismo positivo, pero al menos tenemos que agradecerle que haya sabido distinguir una linea diferencial entre la Falange fundacional y lo que vino luego.

1.- 27-03-2007 en Europa Press.





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