CONVOCATORIA: Cine-Club en El Escorial.
Con todo nuestro agrado os anunciamos, aplaudimos y deseamos lo mejor, para la iniciativa que han tomado unos camaradas de la sierra de Madrid, entre los que se encuentran Ignacio Toledano y Luis López Novelle, viejos conocidos en el mundo azul, de recuperar una actividad casi en desuso: el cine-club a la antigua usanza, es decir breve presentación de la película, proyección y debate posterior.
En sus palabras: “
Queremos darle una periodicidad mensual, dependiendo ello del eco que despierte esta primera sesión. Comenzaremos el VIERNES 17 DE OCTUBRE A LAS 17,30 HORAS EN EL SALÓN DE ACTOS DEL CENTRO CULTURAL DEL AYUNTAMIENTO DE EL ESCORIAL (CALLE SAGRADOS CORAZONES 5). Se trata del Ayuntamiento de EL ESCORIAL. No os confundáis con el Centro Cultural del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial de la Calle Floridablanca... esa Corporación Municipal NO NOS HA CEDIDO ninguna instalación pública para nuestra sesión de cine. Una oportunidad maravillosa para adentrarnos en el CINE CLÁSICO. Temas de ayer y de siempre que no sólo nos divertirán, sino que nos servirán de motivo de reflexión para charlas acerca de lo divino y de lo humano. Y, como primer presentador de lujo, presentará MISIÓN DE AUDACES nada más ni nada menos que LUIS LÓPEZ NOVELLE. No faltéis”.
Por nuestra parte, consideramos que la elección de la película de apertura, no puede ser más acertada para dar un ejemplo de lo que debe ser la auténtica memoria histórica como superación de las heridas de una guerra civil.
En “Misión de audaces” (“The horse soldiers”, John Ford, 1959), el argumento no puede ser más sencillo: Transcurre la Guerra de Secesión y la Unión, preocupada por su avance, quiere dar un golpe que les impulse a la victoria. La conquista de Vicksburg constituye un paso decisivo y el general Grant se plantea la necesidad de cortar las líneas de abastecimiento de la ciudad y destruir las vías del ferrocarril. Para ello requiere al coronel Marlowe (John Wayne) la misión de adentrarse trescientas millas en territorio enemigo y destruir el nudo de comunicaciones de la estación Newton con una pequeña brigada sin artillería pero con un médico pacifista, el mayor Hank Kendall (William Holden) y una malcriada hacendada sureña, “miss” Hannah Hunter (Constance Towers).
Es sabido que John Ford era un apasionado de la historia, y más en concreto sobre la Guerra de Secesión, un hito ineludible del nacimiento de una nación representa, que junto a la Guerra de Independencia y la colonización, representan los momentos más arduos de la forja colectiva de los EE.UU.
Para apreciar la imparcialidad con que Ford trata a los dos bandos contendientes, basta ver la diferencia de registro con que se plantea los dos momentos inolvidables de "Misión de audaces": De una parte, la forma realista, cruel y fulminante con la que se describe la batalla de la estación de Newton, con el ataque suicida de los confederados y su continuidad en el improvisado hospital donde son atendidos los heridos. Y, de otra, la descripción del patético ataque de los niños-cadetes de la Academia Jefferson, al frente de su venerable director, bastón y Biblia en mano, con la generosa retirada de los curtidos combatientes de la Unión.
Todo ello bajo el bien establecido, de antemano, principio de que todos -nordistas y confederados- eran americanos, hacen de "Misión de audaces" no sólo una de las mejores lecciones de cine que nos dio John Ford, sino también una lección de vida.
Bien podían aprender nuestro aguerrido y combativo gremio de “cómicos, pues en palabras de Jordi Brenal (1), “A diferencia del cine estadounidense, el ínclito cine patrio contemporáneo está malbaratando la oportunidad de escarbar en la Guerra Civil española para mostrar el verídico drama humano. Escollado en laberintos de faunos y emboscadas con tricornio en las montañas donde moran aguerridos maquis, en una memoria histórica parcial y palurda, en una corrección política completamente maniquea y estafadora, la única guerra que hemos vivido en pantalla ha sido la de unos héroes «forjados en mil batallas, llorando en los rincones de las tabernas como niños» (para decirlo a la manera de Juan Marsé) o el trasplante de «esa literatura llena de viudas mártires muy buenas, de republicanos en las cunetas y chicas asesinadas» (para describirlo a la manera de Rafael Chirbes). El lacrimal sentimental ha imposibilitado, pues, la visión de una realidad más panorámica y dialéctica que la mera confrontación de primeros planos entre buenos buenísimos y malos malvados en la senda de una Raza a la inversa. De ahí que se agradezcan las excepciones excepcionales como el documental de Carlos García-Alix El honor de las injurias (recientemente premiado en el Festival de Cine de Valladolid), donde vocablos como «checa», «paseo», «terrorismo», «dictadura del proletariado» suenan a seco y letal gatillazo en la conciencia”.
“Evidentemente Ford no era ni mucho menos un pacifista. Sin embargo, como muchos otros directores, su participación en la Segunda Guerra Mundial fue crucial para reconocer que la guerra nunca es heroica. En ella pueden producirse actos individuales de heroicidad, pero, en su naturaleza, no cabe atisbo de civilización ni de panegírico panfletario”.
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1.- MISION DE AUDACES. La caballería en la Guerra de Secesión_ Jordi Bernal (2008)
