"Gecé" - Ernesto Giménez Caballero (III)
José Antonio ha entrado de lleno en la evolución que le alejaría del movimiento fascista. Ha roto con las derechas al negarse a formar parte del Bloque Nacional y ha consolidado su liderazgo con la salida de Falange de Ledesma y el apoyo recibido de Onésimo y Ruiz de Alda.
A unos meses vista de la fecha en que se realizó la entrevista se ha entrevistado con Unamuno recibiendo su apoyo intelectual, sale a la luz "Arriba" y reaparece "FE", ha pronunciado conferencias míticas como las del Círculo Mercantil, la del Cine Madrid (1º) y la del Congreso sobre la reforma agraria por la que se le tacha de "bolchevique" y se han iniciado los acercamientos a históricos del movimiento sindicalista libertario como Pestaña o Abad de Santillán.
En ese contexto es en el que Gecé habla de él en la segunda parte de la entrevista:
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Hablando con Ernesto Giménez Caballero (2ª parte)
¿Qué opinión tiene de Primo de Rivera?
-La fundamental, la tengo escrita y publicada y estoy dispuesto a sostenerla, mientras el mismo José Antonio no se encargue de invalidarla. José Antonio en España no podía ni puede aspirar a ser un Mussolini o un Hitler. No procede de la entraña popular ni de una vida dura, llena de sacrificios y persecuciones. Eso lo siente todo el mundo. En cambio tiene dos caminos eficaces. Uno, grandioso, ideal: el de sustituir a su padre y rejuvenecer la obra de su padre. Ser el augusto heredero de aquel César. Pero cada día me temo que con sus suspicacias incomprensibles, sus recelos y sus vacilaciones, se aleje más de esa maravillosa herencia, de ese crédito que le legó la figura cada vez más venerable de su padre. Sólo a base de algunos estudiantes, y algún que otro grupo obrero misterioso, no podrá más que repetir sin originalidad la tentativa aquella de Sbert con la F.U.E. o quedar reducido a uno de esos fascismos de radio circunscrito como el belga de las Corporaciones Universitarias Nacionales o el holandés de Nacional-Socialistische-Bewegung. O el noruego de la Nasjonal de Samling. O el francés del Fascisme. O el inglés de Mosley. O el irlandés de O`Dufy. Fascismos a la moda, miméticos.
- ¿Y el otro camino que usted decía?
- El otro camino realista, eficaz que tiene José Antonio, es el austriaco del príncipe Satrhemberg en colaboración con el catolicismo. Con Gil Robles. Y hasta con gente del valer de un Calvo Sotelo. Esto le irrita que yo se lo indique, como si uno lo dijera por molestarle, en vez de pensar que Austria y España llevan una ruta muy semejante. José Antonio no termina de estimarme, porque soy incapaz de mentirle, de adularle, de engañarle. De lo que hay que despedirse por ahora es del fascismo a la italiana, a la hitleriana. No hemos hecho la guerra. Y sólo una guerra podría creárnoslo. Ya ve. Apenas se anuncia una en el horizonte, todos los españoles tienen ya la palabra neutralidad en la boca. ¿Qué fascismo va a salir de una masa de cafeteros, de ateneístas, de oficinistas.
-Y del tema del régimen ¿qué opina?
- Si la República no crea una gran figura indiscutible y duradera, su Rey natural como yo he llamado a ese tipo de figuras, la juventud comenzará a soñar con un príncipe restaurador dinástico.
- ¿Y de la JAP, qué cree?
- Que cada día debe ser más intransigente, más entusiasta, más nacional, más fanática, más militarizada. Hoy es la juventud la que debe conducir un país y no los llamados hombres sensatos.
- ¿Y del vicepresidente señor Laborda, qué piensa?
- Cuando en España un hombre espontáneamente tiene un tono brusco, sencillo, preciso, es simpático. De este orden me parece Laborda, joven navarro, ingeniero, sin ribete alguno abogacil, con alma de convicciones enérgicas y arraigadas.
- Veo que cada día está más cerca de los ideales exaltados por las JAP.
- Usted perdone, Garcirrubio. ¿No cree que pudiera ser al revés? La JAP grita ahora a la juventud, ¡sed católicos e imperiales! Pero esa consigna fue lanzada por mí hace cuatro años en mi libro Genio de España. Créame. Los hombres de acción y los movimientos son siempre posteriores a quienes los profetizan y nunca al contrario. Aunque casi siempre, el político, al triunfar, deje de lado al pobre misionero que le facilitó el camino. Esa es la grandeza y miseria del escritor.
- Pero usted identifica el fascismo con el catolicismo. Y eso no puede admitirse.
- Como estrictamente católico, yo tampoco. Pero la profunda realidad espiritual de nuestro tiempo, identifica cada día más su destino común. Por eso yo he lanzado la palabra "nueva catolicidad" para designar al fascismo y evitar el conflicto religioso y dogmático.
- No entiendo bien eso.
- No es fácil de explicar en dos palabras. Lo mejor es leer el libro que tengo con ese título: La Nueva Catolicidad. De todos modos le diré que la misión universal de la Roma católica, de unir el Oriente con el Occidente, la autoridad con la libertad, la ha potenciado el fascismo con energía y eficacia. La prueba es la gratitud que la Iglesia tiene con Mussolini, a quien Su Santidad ha llamado "hombre providencial".
- ¿Cómo ve usted el fascismo en España?
- Sólo bajo la modalidad universal, católica. Siempre que esa modalidad católica sea la auténtica nuestra, genial, española, a lo Felipe II. Felipe II, su Escorial, su Imperio y hasta su Inquisición, son el ideal de un verdadero fascismo para España.
- ¿Usted pertenece a algún partido?
- A ninguno. De corazón pertenezco a todos aquellos que tengan en común la grandeza y salud de España. Unir y no partir creo que es la misión de la que hablamos, escribimos y predicamos. Misión dificilísima, en un país como el nuestro, decidido a quedar partido por el eje y envenenado de rencores personales.
Cecilio Garcirrubio
Madrid, Septiembre de 1935
Publicado en "El Pueblo Vasco"
(Concluye con la IV parte)
